Los muertos saliendo de sus tumbas




La mayoría de las iglesias cristianas, lo mismo que otras tradiciones religiosas y culturales del Planeta, enseñan que cuando llegue el final de los tiempos (el final de un tiempo y el comienzo de otro), aparte de extraordinarios fenómenos en la Tierra y en el Cielo, con la llegada triunfante del Cristo, los muertos saldrán de sus tumbas. Supongamos que eso es una metáfora. O no. Porque a mi entender, y de manera literal, éste es el tiempo en el que los muertos están saliendo de sus tumbas. Estamos. Yo lo asocio a un despertar generalizado que, a pesar de las dificultades, está teniendo lugar ahora mismo. Es fácil verlo.

Muchos son los que están despertando, muchos somos los que estamos despertando. Está ocurriendo en muchos lugares con muchas personas a la vez.

¿Qué es salir de la tumba? Salir de la tumba es salir de la oscuridad, salir de la inconsciencia, salir del materialismo. Sale de la tumba el que resucita a la Luz.



Hoy, miércoles de ceniza.



En la foto, piedra del Santo Sepulcro.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Si, yo también creo que es una expresión metafórica, (el final de los tiempos) y que ahora es el tiempo de despertar a la Vida, a la Luz.
Ahora estamos resucitando y somos muchos seres y en muchos puntos distintos.
Creo que la piedra se retira, y queda abierta para salir a otra realidad de vida. La vida. La luz. El amor.

Anónimo dijo...

Salir de la tumba es dejar que nuestra conciencia se expanda.

Anónimo dijo...

Los muertos llamados a la vida seríamos nosotros cuando vivimos ajenos a nuestra esencia, creyéndonos separados de la Infinita Presencia.

Anónimo dijo...

Y cuando las tinieblas cayeron sobre la tierra, José de Arimatea, después de haber encendido una antorcha de madera resinosa, descendió desde la colina al valle.

Porque tenía que hacer en su casa. Y arrodillándose sobre los pedernales del Valle de la Desolación, vio a un joven desnudo que lloraba.

Sus cabellos eran color de miel y su cuerpo como una flor blanca; pero las espinas habían desgarrado su cuerpo, y a guisa de corona, llevaba ceniza sobre sus cabellos.

Y José, que tenía grandes riquezas, dijo al joven desnudo que lloraba.

-Comprendo que sea grande tu dolor porque verdaderamente Él era justo.

Mas el joven le respondió:

-No lloro por él sino por mí mismo. Yo también he convertido el agua en vino y he curado al leproso y he devuelto la vista al ciego. Me he paseado sobre la superficie de las aguas y he arrojado a los demonios que habitan en los sepulcros. He dado de comer a los hambrientos en el desierto, allí donde no hay ningún alimento, y he hecho levantarse a los muertos de sus lechos angostos, y por mandato mío y delante de una gran multitud, una higuera seca ha florecido de nuevo. Todo cuanto él hizo, lo he hecho yo.

-¿Y por qué lloras, entonces?

-Porque a mí no me han crucificado.

Oscar Wilde

Anónimo dijo...

Para poder vivir verdaderamente , hay que renacer ... Para renacer , primero hay que morir ... Y para morir , primero hay que despertar.

Resucitas cuando tomas conciencia, cuando abandonas viejos patrones que ya no sirven. Cuando decides que tu forma de vivir hasta ahora, ha sido errónea. Te alejas de una muerte emocional que te ha asumido en un letargo. Una larga hibernación, que puede traducirse en ignorancia. La pesada losa, tú mismo puedes y debes empujarla para dar paso al aire fresco, y a la luz; en definitiva a la verdadera vida.

http://www.youtube.com/watch?v=JPaF5DGUfvI

Anónimo dijo...

Ayer murió alguien cercano a mí. La sensación que yo experimenté, nada tiene que ver con otras experiencias pasadas. Nada de lágrimas, ni sufrimientos. El ambiente en calma. Serenidad, aceptación para otros, tal vez resignación. Para quien escribe, una visión renovadora del acontecimiento. Las circunstancias, han sido propicias, para que esté describiendo esa situación ahora mismo. Posiblemente, tenía que ser así. Me siento feliz por ello. Sé que este ser está mejor donde está, que donde estaba preparado para estar. Él murió feliz, porque recibió el domingo la visita de su hermano, y así lo expresó claramente. El día antes de fallecer: " Mi mujer me ha venido a buscar, quiero irme ya de aquí", nos hizo saber. Tenía prisa por emprender la marcha. Y una fuerza inusitada para su estado, le levantó de la cama. Asaombrando a todos su comportamiento, decidieron que se había demenciado... Se "marchó" muy bien acompañado: su hermano ha fallecido hace 15 años, su mujer hace 6 años.
Buenos compañeros de viaje... los que mejor le conocían. A nosotros nos dejó una bonita hermandad, que hizo que nos acercásemos física y moralmente.
Anoche yo caminaba por las calles de mi infancia. Volví al patio de mi niñez y observé el escenario en silencio. Un escenario ahora vacío, pero mucho más lleno que antes...

Anónimo dijo...

Cuando la luz llega, cuando resucitas, la tumba se abre y no precisa fuerza para mover la losa.
Ahora muchas se están moviendo, se están abriendo.

Anónimo dijo...

Lo que hallaste en la mesa , justamente
no fué sino el sabor de mi ternura ,
un fruto sobrio , un pan sin amargura ,
y el agua de la vida allí presente
Junté las manos y elevé la frente
para darte el amor , en la clausura
del corazón recóndito ; en la albura
de la mesa ofrecida humanamente
Toma de este manjar y que este vino
sea , en el dulce vaso diamantino ,
la primera señal de nuestra alianza
Yo Soy la Vida y Tú el Amor . Y el fruto
del encarnado Amor , en el minuto
cuajó la eternidad de su Esperanza .

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=UvpoJegutq0&tracker=False

Anónimo dijo...

Esa pesada losa removida del sepulcro es un símbolo de renacimiento.
Cada ser humano que da vida a ese símbolo y lo encarna, no sólo cumple una tarea personal, realiza también una resurrección que trasciende a todo el colectivo. En cada uno que despierta hay una pequeña parte de los que siguen dormidos. El despertar de uno/s alivia el sueño y evoca o estimula el despertar del resto.
Cada vez más luz iluminando, haciendo más fácil seguir.

Anónimo dijo...

DEIDAD
de Amado Nervo


Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.

No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás...


http://www.youtube.com/watch?v=pZinnPASpzM&feature=player_embedded

Anónimo dijo...

EL ARTE DE MORIR (1)

Cuando el rabino Bimham yacía en su lecho de muerte, su esposa se echó a llorar. Él le dijo, «¿Por qué lloras? Toda mi vida no ha sido otra cosa que un aprender a morir».
La vida es vivir. No es una cosa, es un proceso: No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella. Si buscas el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado.
La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos.
Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo. No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones.
Oí una hermosa historia:
Hace unos años un americano de renombre tuvo una crisis de identidad. Buscó la ayuda de la psiquiatría, pero no resolvió nada porque no encontró a nadie que pudiera revelarle el significado de la vida, que era lo que él deseaba conocer. Poco a poco se fue enterando de la existencia de un venerable e increíblemente sabio gurú que vivía en una misteriosa y casi inaccesible región de los Himalayas. Llegó a creer que solamente ese gurú le podría revelar lo que la vida significaba y cuál debía ser su destino. De modo que vendió todas sus posesiones y empezó su búsqueda del gurú que todo lo sabía. Estuvo ocho años yendo de pueblo en pueblo por todos los Himalayas, buscándole…

Anónimo dijo...

(2)

Y un día acertó a encontrarse con un pastor que le dijo dónde vivía el gurú y cómo debía llegar a ese lugar. Tardó casi un año en encontrarle, pero lo consiguió. Se presentó a ese gurú, que desde luego era venerable y tenía más de cien años de edad. El gurú accedió a ayudarle, especialmente cuando escuchó todos los sacrificios que el hombre había realizado…
- «¿Qué es lo que puedo hacer por ti, hijo mío?», le preguntó el gurú.
- «Necesito conocer el significado de la vida», le contestó el hombre.
A lo que, sin dudar un instante, replicó el gurú,
- «La vida», dijo, «es un río sin fin».
- «¿Un río sin fin?», dijo el hombre con asombro.
«¿Después de recorrer todo este camino para encontrarte, todo lo que tienes que decirme es que la vida es un río sin fin?»
El gurú se quedó estupefacto, anonadado. Se enfadó mucho y le dijo, «¿Quieres decir que no lo es?»
Nadie puede darte el significado de tu vida. Es tu vida y el significado ha de ser también el tuyo. Los Himalayas no te servirán de ayuda. Nadie más que tú puede encontrarlo. Es tu vida y solamente es accesible a ti. Solamente con el vivir te será revelado el misterio.
Lo primero que me gustaría decirte es: no lo busques en ninguna otra parte. No lo busques en mí, no lo busques en las escrituras, no lo busques en inteligentes explicaciones; son sólo justificaciones, no explican nada. Simplemente atiborran tu mente vacía, no te hacen consciente de lo que es. Y cuanto más está la mente atiborrada de conocimiento muerto, más torpe y estúpido te vuelves. El conocimiento hace a la gente estúpida, adormece su sensibilidad. Se atiborran de él, cargan con él, refuerzan su ego con él, pero no les aporta luz y no les indica el camino. No puede hacerlo.
La vida ya está burbujeando en tu interior. Solamente puedes contactar con ella allí. El templo no está en el exterior; tú eres su santuario. Por eso lo primero que has de recordar, si quieres saber lo que es la vida, es: nunca la busques en lo exterior, nunca trates de descubrirla en alguien. El significado no puede ser transferido de este modo. Las Maestros más grandes nunca han dicho nada sobre la vida, siempre te han devuelto a ti mismo.

Anónimo dijo...

(3)

Lo segundo que has de recordar es: una vez que sepas lo que es la vida sabrás, lo que es la muerte. La muerte es parte del mismo proceso. Por lo general creemos que la muerte llega al final, por lo general creemos que la muerte se opone a la vida; por lo general creemos que la muerte es el enemigo, pero la muerte no es el enemigo. Y si consideras a la muerte como el enemigo esto simplemente demuestra que no has sido capaz de saber lo que es la vida.
La muerte y la vida son dos polaridades de una misma energía, del mismo fenómeno, el flujo y el reflujo, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separados y no son opuestos ni contrarios. Son complementarios. La muerte no es el fin de la vida; de hecho es una culminación de una vida, la cresta de la vida, el clímax, el gran final. Y una vez que conoces tu vida y su proceso, entonces comprendes lo que es la muerte.
La muerte es una parte orgánica, integral de la vida y es muy amistosa con ella. Sin ella la vida no puede existir. La vida existe debido a la muerte, la muerte le da un trasfondo. La muerte es, en efecto, un proceso de renovación. Y la muerte sucede a cada instante. En el instante en que inhalas y en el instante en que exhalas, ambas se dan. Al inspirar, la vida entra; al expirar, viene la muerte.
Por eso al nacer un niño lo primero que hace es inspirar; entonces la vida empieza. Y cuando un viejo muere, lo último que hace es exhalar; entonces la vida se va. El exhalar es la muerte, el inspirar es la vida. Son como las dos ruedas de una carreta. Vives tanto debido a que inspiras como a que expiras. El exhalar es parte del inhalar. No puedes inhalar si dejas de exhalar. No puedes vivir si dejas de morir.
El hombre que ha comprendido lo que es su vida, permite que la muerte suceda, le da la bienvenida. Muere a cada instante y a cada instante resucita. Su cruz y su resurrección suceden continuamente como un proceso. Muere al pasado a cada momento y nace una y otra vez al futuro.
Si observas lo que es la vida podrás saber lo que es la muerte. Si comprendes lo que es la muerte, solamente entonces serás capaz de comprender lo que es la vida. Forman un organismo. Por lo general, debido al miedo, hemos creado la división. Creemos que la vida es buena y que la muerte es mala. Creemos que ha de desearse la vida y que ha de evitarse la muerte. Creemos que, de alguna forma, hemos de protegernos contra la muerte. Esta idea absurda crea interminables desgracias en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte se vuelve incapaz de vivir. Es la persona que teme exhalar entonces es incapaz de inhalar y se queda embarrancada. Entonces simplemente mal vive, su vida deja de ser un fluir, su vida deja de ser un río.
Si realmente deseas vivir has de estar dispuesto a morir. ¿Quién en ti teme a la muerte? ¿Teme la vida a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida sentirse asustada por su proceso integral? En ti hay algo más que está asustado: El ego es el que teme en ti. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la muerte sí son opuestos. El ego está en contra de los dos, de la vida y de la muerte. El ego teme el vivir y el ego teme el morir. Teme vivir porque a cada paso, al esforzarse en pos de la vida, hace que la muerte se acerque.
Si vives, te estás acercando a la muerte. El ego teme morir, de ahí que también tema vivir. El ego simplemente mal vive. Hay mucha gente que no está ni viva ni está muerta. Esto es lo peor. Un hombre que está vivo plenamente también está lleno de muerte.

Osho

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=dVu_GEJ3T1Y&feature=player_embedded

Anónimo dijo...

LA MUERTE HACE POSIBLE LA VIDA
Por Deepak Chopra


Imagino que si la espiritualidad buscara en la Avenida Madison asesoría para su comercialización, la propuesta sería: "Atemoriza a las personas con la muerte". Esta táctica ha funcionado durante miles de años, porque todo lo que podemos ver de la muerte es que una vez que morimos, dejamos de estar aquí, y esto provoca un profundo temor.
No ha habido época en que las personas no quisieran saber desesperadamente qué hay "al otro lado de la vida". Pero, ¿qué pasaría si no hubiera "otro lado"? Quizá la muerte es relativa, no un cambio total. El momento que llamamos muerte es en realidad una extensión de este proceso. San Pablo hablaba de morir para la muerte, refiriéndose a tener una fe tan firme en la vida después de la muerte, y en la salvación prometida por Cristo. Pero morir para la muerte es también un proceso natural que ha estado en marcha en las células durante billones de años. La vida está íntimamente entrelazada con la muerte, como podemos ver cada vez que una célula cutánea es desechada. Este proceso de exfoliación es el mismo mediante el cual un árbol deja caer sus hojas —el término latino para "hojas" es folia—, y los biólogos tienden a considerar a la muerte como un mecanismo para la regeneración de la vida. No obstante, esta perspectiva ofrece poco consuelo cuando la hoja que debe caer del árbol para dar lugar al siguiente retoño es uno mismo.

Anónimo dijo...

En vez de examinar la muerte desde un punto de vista impersonal, quisiera que nos concentráramos en tu muerte, en el supuesto fin del ser que está vivo en este momento y que quiere seguir estándolo. El prospecto de la muerte personal es un tema que nadie quiere enfrentar; no obstante, si puedo mostrarte cuál es la realidad de tu muerte, podrás vencer toda esa aversión y miedo y prestar más atención tanto a la vida como a la muerte.

Sólo al enfrentar la muerte puedes desarrollar una pasión verdadera por estar vivo. La pasión no es desesperación; no está impulsada por el miedo. Sin embargo, justo en este momento, muchas personas creen que están arrebatando la vida a las mandíbulas de la muerte, desesperados por el conocimiento de que su tiempo en el planeta es muy breve. Pero cuando nos consideramos parte de la eternidad, se termina este arrebatar las migajas de la mesa y en su lugar recibimos la abundancia de la vida, de la que oímos hablar tanto y que pocas personas poseen.
He aquí una pregunta simple: cuando seas abuelo, ya no serás bebé, adolescente ni adulto joven. Cuando llegue el momento de ir al cielo, ¿cuál de estas personas se presentará?
Casi todos se sienten totalmente desconcertados cuando se les plantea esta pregunta, pero no es vana. La persona que eres hoy no es la misma que cuando tenías diez años. Sin duda, tu cuerpo es completamente distinto al del niño de diez años. Ninguna de las moléculas de tu cuerpo es la misma, ni tampoco tu mente. Sin lugar a dudas, no piensas como un niño. En esencia, el niño que fuiste está muerto. Desde la perspectiva del niño de diez años, el bebé de dos años que alguna vez fuiste también está muerto. La razón por la cual la vida parece continua es que tienes recuerdos y deseos que te unen al pasado, pero éstos asimismo están cambiando siempre. Así como tu cuerpo viene y va, tu mente lo hace con sus pensamientos y emociones fugaces.
Sólo la conciencia contempladora puede ser considerada como ese observador: sigue siendo la misma mientras todo lo demás cambia. El espectador u observador de la experiencia es el yo a quien ocurren todas las experiencias. Sería inútil aferrarte a quien eres en este momento en función del cuerpo y la mente. (Las personas se sienten desconcertadas cuando piensan cuál yo llevarán al cielo porque imaginan a un yo ideal que irá ahí o un ser que han prendado a su imaginación. Sin embargo, en cierto nivel todos sabemos que nunca hubo una edad que pareciera ideal).

Anónimo dijo...

La vida necesita refrescarse. Necesita renovarse. Si pudieras vencer la muerte y seguir siendo quien eres —o quien eras en el que consideras el mejor momento de tu vida— lo único que lograrías sería momificarte. A cada momento estás muriendo para poder seguir creándote. Ya hemos visto que no estás en el mundo; el mundo está en ti. Éste, el principio fundamental de la realidad única, también significa que no estás en tu cuerpo; tu cuerpo está en ti. No estás en tu mente; tu mente está en ti. No hay lugar en el cerebro donde pueda encontrarse una persona. Tu cerebro no consume ni una molécula de glucosa para mantener tu sentido del yo, pese a los millones de estallidos sinápticos que sustentan todas las cosas que el yo está haciendo en el mundo.
Así, aunque decimos que el alma deja el cuerpo de una persona en el momento de la muerte, sería más correcto decir que el cuerpo deja al alma. El cuerpo ya está yendo y viniendo; ahora se va sin regresar. El alma no puede irse porque no tiene dónde ir. Esta proposición tan radical necesita explicación, pues si no vas a ningún lado cuando mueres, ya debes estar ahí. Es una de las paradojas de la física cuántica cuya comprensión depende de saber de dónde provienen las cosas por principio de cuentas.
A veces planteo a las personas preguntas como: "¿Qué comiste ayer?" Cuando responden: "Ensalada de pollo" o "Bistec", yo les pregunto: "¿Dónde estaba ese recuerdo antes de que te preguntara?" Como ya vimos, no hay una imagen de ensalada de pollo o de bistec impresa en tu cerebro, ni sabores u olores de comida. Cuando traes un recuerdo a la mente, concretas un acontecimiento. Las explosiones sinápticas producen el recuerdo, repleto de imágenes, sabores y aromas si así lo deseas. Antes de concretarlos, los recuerdos no están circunscritos, lo que significa que no tienen un lugar; son parte de un campo potencial de energía o inteligencia. Esto es, tú tienes el potencial de la memoria, que es infinitamente más vasto que un recuerdo individual pero imperceptible. Dicho campo se extiende de manera invisible en todas direcciones; las dimensiones ocultas de las que hemos hablado pueden entenderse como distintos campos inmersos en un campo infinito, que es el ser.

Anónimo dijo...

EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS

Prólogo de Su Santidad el Dalai Lama

En esta oportuna obra, Sogyal Rimpoché se centra en los modos de comprender el verdadero significado de la vida, aceptar la muerte, asistir a los moribundos y ayudar a los muertos.
La muerte es una parte natural de la vida que todos deberemos afrontar tarde o temprano. Según mi entendimiento, son dos las actitudes que podemos adoptar ante ella mientras vivimos: o bien elegimos no pensar en ella, o bien podemos hacer frente a la perspectiva de nuestra propia muerte y, reflexionando con claridad sobre ella, tratar de reducir al mínimo el sufrimiento que puede producir. Sin embargo, con ninguna de estas dos actitudes podemos llegar realmente a vencerla.
En mi condición de budista, contemplo la muerte como un proceso normal, una realidad que acepto ha de ocurrir en tanto permanezca en esta existencia terrenal. Sabiendo que no puedo eludirla, no veo que tenga sentido preocuparme por ella. Tiendo a figurarme la muerte como un cambio de ropa cuando la que llevo está vieja y gastada, no como un final definitivo. Pero la muerte es imprevisible: ignoramos cuándo o cómo ocurrirá. Así pues, resulta sensato tomar ciertas precauciones antes de que se produzca realmente.
Es evidente que a la mayoría de nosotros nos gustaría tener una muerte apacible, pero también está claro que no podemos esperar una buena muerte si nuestra vida ha estado llena de violencia, si nuestra mente ha estado agitada principalmente por emociones como la ira, el apego o el miedo. Por lo tanto, si deseamos morir bien, hemos de aprender a vivir bien; manteniendo la esperanza de una muerte apacible, debemos cultivar la paz en nuestra mente y en nuestra manera de vivir.
Desde el punto de vista budista la experiencia real de la muerte es muy importante. Aunque el cómo y el dónde vamos a renacer viene generalmente determinado por fuerzas kármicas, nuestro estado mental en el momento de la muerte puede influir en la calidad de nuestro próximo renacimiento. Así pues, y a pesar de la gran variedad de karmas que hemos acumulado, si en el momento de la muerte hacemos un esfuerzo especial para generar un estado mental virtuoso, podemos fortalecer y activar un karma virtuoso y de este modo dar lugar a un feliz renacimiento.
El instante real de la muerte es también la ocasión en que pueden presentarse las experiencias interiores más profundas y beneficiosas. Mediante la repetida familiarización con los procesos de la muerte por medio de la meditación, un meditador experimentado puede aprovechar su muerte para alcanzar una gran realización espiritual. Por eso los practicantes con experiencia emprenden prácticas meditativas en el momento de morir. Una indicación de sus logros es que muchas veces su cuerpo no empieza a descomponerse sino hasta mucho después de la muerte clínica.
No menos importante que prepararnos para nuestra propia muerte es ayudar a otros a morir bien. Cuando nacemos, todos nos hallamos desvalidos e impotentes, y sin el cuidado y el afecto que recibimos entonces no habríamos sobrevivido. Puesto que los moribundos son igualmente incapaces de valerse por sí mismos, deberíamos aliviar su malestar y su angustia y asistirlos en la medida de lo posible para que mueran con serenidad.

Anónimo dijo...

Aquí lo principal es evitar todo aquello que perturbe la mente de la persona moribunda más de lo que ya está. Al asistir a una persona moribunda, nuestro primer objetivo es infundirle serenidad, lo que se puede conseguir de muchas maneras. Un moribundo que esté familiarizado con las prácticas espirituales puede sentirse estimulado y alentado si se le recuerdan estas prácticas, pero incluso la simple atención afectuosa puede generar una actitud serena y sosegada en la mente de la persona que va a morir.
La Muerte y el Morir constituyen un punto de encuentro entre la tradición científica moderna y la budista tibetana. Creo que en el plano de la comprensión y el beneficio práctico ambas pueden ayudarse muchísimo mutuamente. Sogyal Rimpoché se halla especialmente bien situado para facilitar este encuentro; nacido y educado en la tradición tibetana, recibió formación de algunos de nuestros mayores lamas. Puesto que también se ha beneficiado de una educación moderna y vivido y enseñado muchos años en Occidente, ha llegado a conocer bien los modos de pensamiento occidentales.
Este libro ofrece a los lectores no sólo una explicación teórica de la muerte y el morir, sino también medidas prácticas para que comprendan y se preparen ellos mismos y a otros de una forma serena y enriquecedora.

Anónimo dijo...

DEL INFIERNO Y DEL CIELO

Jorge Luis Borges (Argentina,1899-1986)

El Infierno de Dios no necesita
el esplendor del fuego. Cuando el Juicio
Universal retumbe en las trompetas
y la tierra publique sus entrañas
y resurjan del polvo las naciones
para acatar la Boca inapelable,
los ojos no verán los nueve círculos
de la montaña inversa; ni la pálida
pradera de perennes asfodelos
donde la sombra del arquero sigue
la sombra de la corza, eternamente;
ni la loba de fuego que en el ínfimo
piso de los infiernos musulmanes
es anterior a Adán y a los castigos;
ni violentos metales, ni siquiera
la visible tiniebla de Juan Milton.
No oprimirá un odiado laberinto
de triple hierro y fuego doloroso
las atónitas almas de los réprobos.

Tampoco el fondo de los años guarda
un remoto jardín. Dios ni quiere
para alegrar los méritos del justo,
orbes de luz, concéntricas teorías
de tronos, potestades, querubines,
ni el espejo ilusorio de la música
n¡ las profundidades de la rosa
ni el esplendor aciago de uno solo
de Sus tigres, ni la delicadeza
de un ocaso amarillo en el desierto
ni el antiguo, natal sabor del agua.
En Su misericordia no hay jardines
ni luz de una esperanza o de un recuerdo.

En el cristal de un sueño he vislumbrado
el Cielo y el Infierno prometidos:
cuando el juicio retumbe en las trompetas
últimas y el planeta milenario
sea obliterado y bruscamente cesen
¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,
los colores y líneas del pasado
definirán en la tiniebla un rostro
durmiente, inmóvil, fiel, inalterable
(tal vez el de la amada, quizá el tuyo)
y la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
será para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.